Entropía y diversidad
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Martinez Lizarduikoa publicado en GARA el 24 de diciembre de 1999.
Alfontso Martinez Lizarduikoa * Doctor en Ingeniería y Filósofo
Por activa y por pasiva nos atacan, nos acosan y anatematizan. ¿Qué queréis los vascos? Ahora que todo tiende hacia la unidad y la globalización, vosotros empeñados en la diferencia y la diversidad.
Ahora que el planeta tierra habla inglés, vosotros reivindicando un idioma minorizado e ininteligible. Ahora que el mundo elimina fronteras, vosotros empeñados en aislaros. He aquí unos argumentos, en su opinión irrebatibles. La modernidad de la universalidad de lo español, frente al primitivismo del localismo vasco. Y es que además se los creen. Desde el mesetario e inculto Aznar hasta el más recalcitrante de los intelectuales-tertulianos parecen creer que existe una ley universal que avala dicho discurso, sin la más mínima posibilidad de apelación por nuestra parte. Estas líneas van por ellos.
El concepto de entropía fue un invento de los constructores de motores del siglo XIX, concepto que acabaría convirtiéndose en una de las leyes básicas de la naturaleza. La primera ley de la termodinámica dice que la energía que existe en el universo ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La segunda ley añade, además, que en todos los procesos físicos que se dan en el cosmos dicha energía va perdiendo calidad y capacidad para producir trabajo y movimiento. Esa perdida de calidad de la energía se identifica con el aumento de entropía. Según esto, la energía del cosmos degenerará a medida que pase el tiempo y, al fin, cuando alcance el máximo entrópico, será inerte para toda la eternidad, en un universo energéticamente pleno pero inmóvil, haciéndose así real el nirvana de las filosofías indias.
La entropía ha sido también relacionada con el concepto de orden y complejidad. Supongamos una baraja de cartas ordenada del uno al cuarenta. Si comenzamos a barajarla lo lógico es que surja el desorden en ella. Esa es la tendencia natural. Nunca se observa que en una baraja desordenada, barajándola sucesivamente, se recupere el orden numérico inicial. El desorden es, por tanto, la norma en todos los fenómenos de la naturaleza y también lo es el aumento de entropía. Por ello decimos que ambos están relacionados. Si un vaso cae de una mesa y se rompe, sus enlaces moleculares se desarticulan, su complejidad estructural disminuye y su desorden molecular y entropía aumentan. Nunca observaremos en la naturaleza el proceso inverso. Es decir, que los trozos de cristal roto (desorden molecular) se recompongan y el vaso suba a la mesa quedando intacto (aumentando su orden y disminuyendo su entropía). Eso supondría ir contra la segunda ley de termodinámica. El nirvana del universo se puede traducir ahora, por tanto, como la existencia de un universo final máximo en entropía, en el que todo es homogéneo y en el que desaparece todo atisbo de diversidad.
Hace unos cincuenta años el físico y filósofo Erwin Schrsdinger quedó perplejo al comprobar que la historia de la evolución de la vida en nuestro planeta, desde las más humildes bacterias hasta la complejidad de la sociedad humana actual, es, a pesar de lo descrito hace un momento, una evolución de la homogeneidad hacia la heterogeneidad, de la unidad hacia la diversidad. ¿Cómo compaginar esta tendencia evolutiva del mundo vivo (aumento de complejidad y disminución de entropía) con el segundo principio de termodinámica?
La respuesta llegó varias decenas de años más tarde de mano de la teoría del Big Bang y la de expansión del universo. Según estas, el universo es como un recipiente cerrado con un techo entrópico. La tendencia de los fenómenos naturales a aumentar la entropía hace que este recipiente se vaya llenando hasta llegar a su techo. Sin embargo, a medida que sube la entropía ese recipiente universal aumenta a su vez de tamaño (aumenta su techo entrópico) gracias a la expansión del cosmos (fruto del Big Bang), de tal manera que dos tendencias contradictorias se hacen así compatibles. Por un lado, la segunda ley se cumple (ya que todos los procesos aumentan la entropía), pero, por otro, el techo entrópico se aleja cada vez más, debido a la expansión del cosmos y a que cada vez hay más volumen entrópico por llenar. Y así, en el computo total cósmico, la entropía disminuye. Esta es la razón última de que el universo genere orden, complejidad y diversidad, a pesar de la segunda ley de termodinámica y, por supuesto, a pesar de las opiniones de los tertulianos de la España inquisitorial.
No existe pues ninguna ley natural que diga que todo tiende a la globalización, a la homogeneización y a la uniformidad. Los que defienden la globalización económica y cultural como una necesidad de la evolución, frente a la que no hay alternativa posible, no hacen más que ideología. Ideología que trata de encubrir la necesidad que tienen las multinacionales de controlar un mercado cada vez más amplio y alienado, al que poder saquear sin contemplaciones ni resistencia. La homogeneización es un error evolutivo emanado por mentes enfermas y unidimensionales. En este sentido, la defensa del derecho a la diferencia y a la diversidad que reivindicamos los vascos, además de ser una sana terapia libertaria, está en perfecta consonancia con los últimos avances de la ciencia contemporánea y con el funcionamiento de la naturaleza a nivel cosmólogico. Lo siento por ellos. *
Alfontso Martínez Lizarduikoa
* Doctor en
Ingeniería y filósofo